martes, 8 de septiembre de 2020

Magistrados, abogados y secretarios judiciales critican la actual Administración de Justicia


Magistrados, abogados y secretarios judiciales critican la actual Administración de Justicia



El conseller Bassols presidió la clausura de las jornadas de Montserrat

Con una fuerte crítica a la actual situación de la Administración de Justicia en Cataluña se clausuraron ayer las jornadas que han tenido lugar en el monasterio de Montserrat a lo largo de la semana. El conseller de Justicia, Agustí Bassols y Luis María Díaz de Valcarcel, vocal del Consejo General del Poder Judicial, presidieron los actos.

El profesor Muñoz Sabaté comenzó su ponencia diciendo que «el poder ejecutivo no ha prodigado jamás, ni es íádl que prodigue en el futuro una valoración de Justicia: Con ello ponía de manifiesto dónde radica realmente la fuente de que la justicia sea hoy una de las estructuras más deficientes del Estado. Durante años, por no decir siglos, el poder político ha negado medios económicos y ha abandonado la modernización de la administración de la justicia, cuando, tal como se ha dicho en estas jornadas, no ha tenido una clara voluntad de que tal situación mejore. Fernando Salinas, decano de las magistraturas de Trabajo, expresó la idea diciendo que de esta forma los jueces son, de alguna manera, dependientes, al encontrarse sin los medios y sin la organización suficiente para desarrollar su función, que no es otra que la de juzgar con el indispensable mínimo de medios que requieren sus necesidades y la sociedad de nuestros días.



Caótica situación

Dada la caótica situación en que se desenvuelve la función judicial y la pérdida de imagen, en irritante contraste con el deseo de los profesionales de la judicatura, la conducta de los mejores se va degradando paulatinamente», añadió el profesor Muñoz Sabaté, miembro de la junta de gobierno del Colegio de Abogados de Barcelona.

El mismo ponente puso de manifiesto que en una urgente investigación patrocinada por el Departament de Justicia de la Generalitat -y que se ha extendido a todos los juzgados de Cataluña- se ha puesto de manifiesto que (hay oficinas judiciales que se ubican en una vetusta casa de vecinos; el juez se calienta con una estufilla que se lleva cada día de su domicilio; la máquina de escribir eléctrica es propiedad privada del secretario. Se han tenido que apuntalar los estantes de los armarios; la sala de espera es la propia secretaría y hay que recorrer 140 metros para ir al archivo. La tienda no les fía ' ya el papel o las cintas y les han cortado ¡a luz por falta de pago». Estas imágenes, expuestas sin poder ser negadas, no hacen más que poner de manifiesto hasta que punto nuestra justicia está falta de lo más elemental; y hasta qué punto nuestra sociedad necesita tomar conciencia de que una situación tal no puede permitirse por más tiempo.

Funcionamiento defectuoso

Esta crítica, que podría parecer maliciosa o excesiva si no fuera generosamente benévola, fue confirmada por el magistrado que intervino a continuación. Fernando Salinas dijo que «todos los poderes del Estado son responsables del no funcionamiento de la justicia», que se agrava en el caso catalán por una mayor carga de trabajo y una deficiente organización. 



«El defectuoso funcionamiento de ¡a Justicia, dijo el magistrado, aparte de los irreparables perjuicios causados a los ciudadanos, origina, con respecto a ella misma, un incremento en las demoras que padece y en el número de conflictos que necesariamente han de plantearse ante ella, repercutiendo perjudicialmente en el defectuoso funcionamiento de sus órganos jurisdiccionales y en la correcta aplicación de las leyes, a la vez que impide, en suma, la existencia de un verdadero Estado social y democrático de derecho:

Estas fuertes criticas, provenientes de aquellos que juzgan y hacen cumplir lo juzgado, se convirtieron en una profunda queja en el comunicado que hizo el secretario judicial Victoriano Domingo en nombre de sus compañeros: «convendría recalcar que en nuestra administración existe un auténtico despilfarro de recursos humanos. Basta, para comprobarlo, la plantilla de un juzgado de Barcelona, compuesto por doce personas. No se busque dentro de él una distribución racional del trabajo entre el personal auxiliar, porque no existe. En la práctica hay tantos reinos de taifas como oficiales.».

Quejas de los secretarios

Los secretarlos se quejaron de la infrautilización de que son objeto. Ello se ha agudizado enormemente en los últimos años, al socaire de las transformaciones sociales, y estos técnicos no tienen de hecho poder ni para distribuir el trabajo.

Otros países, como Alemania o Gran Bretaña, han sabido utilizar la preparación técnica del secretario, «cuya formación jurídica no cede ante la de los restantes protagonistas técnicos del proceso, consiguiendo que la actuación judicial que~ dará reservada para los asuntos de auténtica contradicción de partes, en su fase decisoria».

La crítica de los secretarios se extendió a otros campos: «esta desorganización de los juzgados, este caps de su funcionamiento, con el secretario como testigo impotente y con el litigante como víctima propiciatoria, obedece también a otras causas, achacables a los profesionales del derecho y que no dejan de tener una importancia de cara a la lentitud de la marcha del proceso: la continua petición de prórrogas de plazos, que obligan a nuevas providencias y a nuevas liquidaciones de términos; la Interposición dé recursos que nacen muertos, sin otra finalidad que la de dilatar el pleito; o el hecho de que haya que arrebatarle literalmente al abogado los autos que no devuelve». No son más que aspectos parciales de la cuestión. El portavoz de los secretarios continuó desglosando un rosario de situaciones lastimosas, que nada dicen en favor de una sociedad que despilfarra miles de millones en asuntos a veces intrascendentes.

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